viernes, 11 de febrero de 2011

Pericardio

Una de las técnicas que potenciarían la labor del corazón (y por ende, el rendimiento deportivo) sería la extirpación del pericardio. Libre de esa molesta membrana, el corazón podría (hipotéticamente) bombear samgre con una capacidad desconocida para cualquier ser humano normal y ello daría lugar a un atleta imbatible, una máquina sin competencia ni rival posibles.
Ahora bien, las consecuencias a largo plazo de esta intervención se desconocen, si bien no se descartan complicaciones que pudieran llevar a una muerte más o menos cercana.
Hoy por hoy, esto no es más que una simple ficción. Pero si se coconoce la técnica, a alguien se le ocurrirá ponerla en práctica, a buen seguro.
Los límites pues, de la intervención en la máquina humana con fnes deportivos rebasan hace mucho tiempo ya el puro concepto de dopaje (la ingesta o administración de sustancias que sirvan para incrementar el rendimiento deportivo). ¿Dónde están los límites? ¿Dónde los colocamos si no existe una reflexión teórica profunda, ni siquiera un consenso social generalizado? ¿Es ilícita una practica quirúrgica hecha en aras de una finalidad deportiva y no otra, por ejemplo; que se hace en función de la estética como un aumento del tamaño de las mamas?

3 comentarios:

Toni Pozo dijo...

La búsqueda del aumento del rendimiento es la esencia del deportista competitivo. Ya los griegos se "dopaban" en las olimpíadas de Olimpia. Se buscan nuevos métodos de entrenamiento, nuevas sustancias químicas, nuevas condiciones medioambientales, etc. el límite del dopaje está teóricamente en la salud del deportista, el problema es que la alta competición no es saludable en sí misma en numerosos deportes. Si las exigencias que se les pide, por ejemplo a los ciclistas, no son saludables, que sentido tiene imponerle limitaciones en sus entrenos escudándose en su salud. No estoy a favor del dopaje, y sí contundentemente a favor de la dignidad de los deportistas.
Perdón por la extensión

Toni Pozo dijo...

Como anécdota, existe por ahí un artículo muy divertido sobre cómo serían las olímpiadas si no existieran controles antidopaje. Los atletas serían auténticos mutantes.

Uno dijo...

No creo que los deportistas sean ignorantes de los pelígros que corre su salud con esos métodos artificiales de aumentar su rendimiento. Quiero decir que saben a qué juegan.
Por otra parte, ¿qué se puede hacer además de prohibirlas y perseguirlas, como ya se hace?

En Madrid, por cierto, la contaminación ha hecho que se nos desaconseje hacer deporte al aire libre.
Respirar en Madrid debe ser peor que doparse.

Un abrazo